COVID-19: Cuando el Relato No Trae Certezas

Por Francisco Aedo S. | Periodista

La pandemia del COVID -19 es una crisis. Pone en peligro claramente nuestra forma de vida y la normalidad del proceso cotidiano de cada individuo o grupo familiar; y, por ende, la de un país o mundo en el cual habitamos.

Políticamente, los gobernantes han funcionado con diversos tipos de relato, más  en la búsqueda de uno que se adapte al difícil momento en que estamos, que en una estrategia planificada, pensada y desarrollada.

Lo que los gobernantes y líderes -muchas veces tanto o más importantes que nuestros representantes- han olvidado es que si hay un aspecto fundamental en todo momento de crisis es la certidumbre. La certeza, el conocimiento sobre ciertas seguridades.

Las crisis, las más diversas, generan incertidumbre o  ausencia de certezas, de seguridades para mi vida cotidiana y para mi futuro. Por definición, en muchas ocasiones las crisis son quiebres de la normalidad, debido a los más distintos factores. Y el ser humano, lo queramos o no, se guía por la fuerza de la costumbre, no solo por comodidad, sino por el ahorro de tiempo y esfuerzo, así como por la búsqueda de certezas para poder planificar o para vislumbrar qué viene en su futuro.

Y es eso lo que ha faltado. En muchos casos. Y la pregunta que debemos hacernos es por qué se ha dado esa ausencia.

La experiencia -y los líderes y gobernantes tienden a tenerla- nos indica que siempre es mejor hablar sobre la base de seguridades y no de rumores o de hechos que aún no se han concretado. Pero nuestra cultura de las últimas décadas nos ha empujado a una forma de comunicación de titulares, sin sustancia, sin esperar a cerrar un plan, y sin responder a preguntas tan esenciales como cuándo, dónde o por qué.

Y la gente -lo sabrán nuestros lectores periodistas- quieren y necesitan saber las respuestas esenciales respecto de un hecho que ocurre. De lo contrario, quedan en un limbo en el cual la duda es la reina y el desconcierto prima.

La comunicación política ha caído en la fórmula fácil y rápida de contar, no la historia, sino simplemente el título de dicha historia. Nos acostumbramos a leer poco y debido al aceleramiento en el cual vivimos en forma permanente, hasta nos gusta dicho estilo. El problema es cuando el titular no basta. Y las dudas se instalan.

Los líderes y gobernantes deben entender que es tiempo de revertir este estilo tan nefasto. La certidumbre debe vencer, y para ello se necesita un relato estructurado. Volver a contar la historia en la forma más completa que se permita.

En estos días, complejos y de crisis, hemos visto cómo surge el famoso relato de guerra. El enemigo al que debemos vencer con nuestros esfuerzos, la batalla que debemos ganar entre todos, sin darnos cuenta de que no hemos contado bien quién es nuestro enemigo, cuál será la forma de vencerlo, de qué manera podemos ayudar en esta supuesta batalla, y, finalmente, sin dar paso a una épica que nos explique para qué debemos alcanzar esa victoria. El objetivo.

Porque si la respuesta es vencer para continuar como estábamos, los que están en dicha estrategia deberían dar a conocer para qué queremos seguir igual. Y mucho cuidado: quienes quieran cambiar el mundo también deben ser claros del porqué lo quieren hacer, cuál será el mecanismo, y para qué quieres construir un mundo nuevo.

De otro modo nos seguiremos quedando en el mundo de los titulares y la gente continuará demandando certidumbre. Y muriendo de miedo.

[social_share style=»circle» align=»horizontal» heading_align=»above» text=»» heading=»Comparte en tus redes sociales:» facebook=»1″ twitter=»1″ google_plus=»0″ linkedin=»1″ pinterest=»0″ link=»» /]